domingo, 15 de mayo de 2011

Todo comenzó en mi interior. Estaba tan desesperada porque me amaran, que me entregaba sin provocación. Nunca fui alguna de aquellas chicas que reúnen todos los requisitos, a la vieja usanza, para ostentar el título de novia formal y mucho menos el de la esposa perfecta. Nadie me tomaba en serio, y yo lo sabía; no me molestaba, y por eso atraía a infinidad de hombres, la mayoría de ellos ya comprometidos o con esposa en casa.

Para comenzar -la relación- solía decirles “Si tu mujer no me reclamará algún día, adelante” y ellos solían responder que nunca se enterarían, pero más tardaba en advertir que en huir de las garras de alguna loca celostina.

El relacionarme con chicos comprometidos, sólo había aumentado mis conocimientos sobre ellos, o al menos eso yo veía; la doble vida que llevaban, a veces era un acto inconsciente y yo no los culpaba, era parte del papel que, creía, les tocaba llevar como hombres, en esta vida. Nunca he justificado la infidelidad, puesto que si para la otra persona es importante el no relacionarse con nadie más, al inicio debería quedar un común acuerdo sobre la exclusividad.

Debiera, debería. Todo queda en el ideal, pues he soltado miles de palabras en forma de consejos y ninguno me ha servido en realidad. La historia que estoy por contar, es la viva imagen de un amor ciego, aquel que dista mucho del amor verdadero, aquel que te lleva a hacer locuras insanas, que te lleva a perder el camino andado, aquel que te roba la calma. La gente, a menudo otorga migajas, pequeñas dosis de amor que no son suficientes, sólo para quien se engaña. Esta es mi historia: la vida, la muerte, el entierro, la resurrección y la huida de mi alma.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Banco de citas (1)


"Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo". Paulo Coelho.

jueves, 16 de diciembre de 2010


Si pudieras ver mi rostro ahora, desearías no haberme abandonado, desearías haber permanecido para robar mis suspiros, la ilusión de mi mirada y la sonrisa enamorada.

Si pudieras ver mi rostro ahora, comprenderías que cuando no quisiste verlo siempre había estado volteado hacía ti, inhalando la esencia de tus labios y esperando alguna seña tácita de que tu corazón me admitia.

Si pudieras ver mi rostro ahora, es porque tus ojos aún poseen la capacidad de mirar, de encontrar en mí alguien dispuesto a amar y no a anhelar, aquello que nunca fue suyo y que no entendí al momento como algo ajeno, distante.

sábado, 10 de julio de 2010

El faro.

Llueve, afuera esta lloviendo y mi cuerpo sigue cálido en tu compañia.

No sé hasta cuando durará dicha sensación, mientras tanto, te percibo todavía.

Duele, duele cada que te vas, maldita codependencia que me impulsa a mirarte y obligarme, a no quitar de allí mis ojos, al menos en una eternidad.

Pienso en que somos dos almas patéticas necesitadas de amor. Sobreviviendo al paso del tiempo, sobreviviendo como aquel faro que avistamos desde la barca del corazón.

Pobre faro aquel, sintiendo el mar tan cerca y sin poder tocarlo; supongo que será la misma impotencia que se presenta en mi cabeza, al tenerte en lejanía. Con certeza, me pareceré a ese faro, que te espero cada día, como esperando encontrar en tus ojos algo más que un amor de día.

jueves, 10 de junio de 2010

Al amor y la vida...



Es inútil pensar en el amor como incongruente, pero el amor siente y siente.

El amor siente que la vida termina y que la prisa se anida en el pecho y notablemente creciente.

Se anida y no termina de curar cada herida, de sentirse querida y buscar alguna medicina, que te lleve día a día, a luchar por ti misma.

Una lucha constante de encontrarte sumida, en la desesperación de la poesía, que emprendo con un sueño y termina con una pesadilla.

martes, 20 de abril de 2010

Contruyendo paraísos:

En todo paraíso debe existir vida, hablando de vida en todos los sentidos: animales inusuales, seres extraños, colores nunca antes visto y sobre todo un ambiente de delirio.

¿Quién puede limitar,
nuestro propio espacio,
para no convertirlo en un paraíso? Absolutamente nadie.


¿Quién nos dice que lo que vivimos es real?
Así como no hay nadie que diga que lo que vivimos es una simple
ilusión y pueda comprobarlo, tampoco hay alguien que nos diga que todo es real.

Vivir la vida y suspirar, reflexionar un día y seguir caminando, constituye en mi existencia una parte fundamental.

Encontrarme conmigo misma y sentir mis cualidades día a día, superando mis defectos y entrar a la irrealidad.